El malo de la película

09.02.2020


Todos sabemos que la empresa tiene que ser dirigida por alguien y que a su vez también existen las figuras de los encargados o puestos intermedios, como un lugar de responsabilidad que pueda pensar a un grupo de personas, organizarles para la producción y resolver los problemas que acontecen en el proyecto empresarial. Es una estructura originada para preservar el buen funcionamiento del sistema económico y de la organización celular de la sociedad, y donde también es necesario incluir el concepto de amor social, porque a través del trabajo es que vamos a beneficiar a otras personas más allá del producto o del servicio que prestemos.

En esa estructura hay un apuntalamiento aparentemente claro de quién es quién, qué papel ejerce cada uno, cuáles son sus responsabilidades, deberes... Decimos aparentemente porque aunque se esté en ese puesto físicamente, psíquicamente puede no estarlo. Es cierto que hay situaciones vitales, problemas que van surgiendo y que exigen de respuestas y decisiones que a veces no son platos de buen gusto (deudas, despidos, dificultades con la producción...).

La figura del jefe, por el puesto que ocupa, es un lugar de descarga de la hostilidad, de reproches, donde se deposita la culpa de lo que pasa. Sí que es cierto que es el encargado de llevar el timón, que tiene una gran responsabilidad porque ha de pensar toda la estructura, poder conversar con los empleados, dirigir para desarrollar una buena economía.... es un lugar clave. De ahí la importancia de que psíquicamente esté en las mejores condiciones, porque la afectividad reprimida, los conflictos internos con la función, pueden llevarle a tomar decisiones y rumbos que perjudiquen a los demás.

El narcisismo, los celos, la envidia, la hostilidad, deseos que rechazaríamos fuertemente, van a aparecer siempre en estas situaciones. El buen funcionamiento de la empresa va a tener mucho que ver cómo se canalicen, cómo se legislen los mismos, es decir, ponerlos al servicio de la máquina grupal, de la civilización, para poder hacer de esos arrebatos infantiles tan perjudiciales y cegadores, una producción social a través del instrumento del trabajo. Ser empresario o empresaria no es fácil, ni difícil, es un trabajo, pero sobre todo psíquico.

¿Haga lo que haga se le ve como el explotador, como el malo de la película? Sí y no. Es decir, hemos indicado que es un lugar donde va acontecer hostilidad ¿y por qué? porque posa sus raíces en la primera figura de autoridad, que es la función padre, que nos marca la ley, y ordena al primitivo que también somos. Nos dice que esto no se puede pero esto otro sí, y todos sabemos que tener que decir que no a nuestras tendencias y ponerlas al bien común no es plato de buen gusto en un principio y hay que hacer un trabajo constante para ello. Entonces es por eso que el jefe va a producir siempre cierto rechazo. Nunca va haber un jefe "bueno" cien por cien, aunque sí que es cierto que está el otro lado. Por su puesto que puede ser un explotador, que mire por aumentar sus arcas y poco por el bienestar de su plantilla. Pero no podemos caer en la lectura ingenua que hacen las películas norteamericanas, donde está el malo de la película y los buenos, una dicotomía que niega las diferencias y la inclusión de la complejidad humana.

Hay empresarios que se quejan de que se pongan en su lugar, que experimentar la responsabilidad de tener que lidiar con la inversión de los equipos, la infraestructura, los pagos, los impuestos, las frustraciones que se generan cuando un proyecto fracasa, evitar la quiebra, mirar por los trabajadores... y que luego encima acaban siendo vistos como un explotador, hagan lo que hagan.. Por eso es de vital importancia que un empresario cuide de su salud mental y responda a esa realidad de las maneras más adecuadas. Claro, si se instala en el reproche, en la demanda hacia sus empleados, hace como ellos, que se quedan en la visión de una realidad marcada por su hostilidad. Envidiar el lugar de menos responsabilidad del otro lo único que hace es destruir y abandonar el timón.

Hay situaciones muy complejas, que también requieren estar en el lugar psíquico adecuado. Hay un aforismo de Miguel Oscar Menassa que dice que en el ejemplo de vivir, vivir es el ejemplo. Mostrándoles que hay una escucha, un diálogo donde el otro no es el tonto que tiene que agachar la cabeza y someterse, que las cosas no son porque las digo yo, sino estableciendo soluciones que incluyan un diálogo. Todo lo que está pasando corresponde a direcciones de trabajo con una base inconsciente, formas de pensar la economía, que tienen que ver con las estructuras mentales, con cómo renuncio, postergo, frases provenientes de la familia, ideología que en unas ocasiones me permiten mantenerme, llevarme al éxito y otras al fracaso.

Para que veamos un ejemplo un poco burdo pero clarificador del asunto, imaginaros un padre de familia o una madre que, frente a las dificultades de la economía familiar, de los obstáculos del camino diario, empieza a recriminar a los hijos y a decirles que "no sabes por lo que estoy pasando, te tendrías que poner en mi lugar", que les indique también que está mal y no dice nada, que con todo lo que hago por vosotros.... vemos que habla más la neurosis que de la dimensión adulta y madura de las cosas. Hay conversaciones que tienen que desarrollarse con un psicoanalista, porque no tienen tanto que ver con la realidad de los obstáculos empresariales sino con la realidad psíquica reprimida infantil y la forma en la que se ha instaurado en el empresario o empresaria la ley o función padre, que impide reaccionar como corresponde.

A raíz de la noticia que se había aumentado el sueldo mínimo interprofesional en España a novecientos cincuenta euros y algún comentario público de que el empresario que no pague eso no merece llamarse empresario, díganme, si un padre de familia no puede sostener a sus hijos ¿qué le dirían? También se quejarían de que son ellos y que no tienen ni idea de lo que es llevar la economía familiar . Ofrezcan soluciones, cuídense de la neurosis, que nos hace alienarnos a un sistema que ahoga y no permite ni siquiera cubrir las necesidades básicas. La pobreza mantiene la alienación. Muerto el tirano, el tirano era yo.

Laura López, Psicoanalista Grupo Cero