Problemas con la autoridad

30.08.2018

PROBLEMAS CON EJERCER LA AUTORIDAD

Ser un sujeto civilizado es algo que no se nace, se accede a través de los otros, en el desarrollo afectivo sexual. La primera figura de autoridad es el padre, la Ley del Padre, que no tiene tanto que ver con el género de la persona, sino con el establecimiento de los límites.

Una figura de autoridad es una posición psíquica. En el plano empresarial esa posición también gira en torno a una idea, una dirección determinada. Para que haya un buen funcionamiento en la vida, en las organizaciones superiores a las familiares, debe haber también (es la base) una organización psíquica adecuada que de cuenta de esos lugares, de manera que esté quien esté en esa función, se pueda llevar a cabo.

Cuando hay problemas con la adquisición de la autoridad, no se establecen los límites adecuados y se mezcla lo personal, hay afectos que embargan y nublan el hacer. Podemos estar hablando de una posición neurótica empresarial que a corto y en otras ocasiones a largo plazo, llevan a una madeja difícil de desliar. La neurosis tiene que ver con estar en demanda infantil, tener dificultades en adquirir las funciones para ocupar un lugar de responsabilidad en el mundo. La educación, el establecimiento de las organizaciones, ha de ser una tarea grupal, de manera que todos estamos implicados, necesitamos de repuestos en nuestra sociedad con una buena salud psíquica para que pueda ser más justa y atendiendo a las necesidades de cada uno y a su desarrollo. El trabajo es la herramienta para transformar la realidad y producir beneficios como bien común. Hay ciertas perversiones (en el sentido que es la manera de actuar de forma repetida en determinadas circunstancias en referencia al deseo y la ley) que se establecen y producen esos desvíos en la rueda que hace girar al mundo.

Toca estar en el mundo, no ser ese niño o niña demandando. Las inseguridades se generan cuando todo está permitido, cuando está esa función madre devoradora solamente. Ahora toca acompañar al otro en el crecimiento, no se puede caer bien a todo el mundo, ni pretender que el otro no se inunde de afectos cuando de alguna manera le toca un cambio, una frase que se le dice que le trastoca, hacer que la ley se cumpla, que está por encima de la persona. Hay que estar firme, conversar, escuchar al otro y saber desde qué lugar se está, poder manejar todos esos afectos sin pensar que es en contra de uno, que no es a él o a ella al que se lo dicen, es por el lugar que ocupa.

Hay que saber que uno es una pieza de la organización, que es el otro quien elige estar o no estar, si hace algo tiene unas consecuencias, que no es fulanito o fulanita de tal como autoridad el que actúa, sino el otro el que se sale del lugar o se incluye . Creer que uno no está preparado es echar el culo atrás, escurrir el bulto de la responsabilidad, porque cuando uno está ahí es porque ha realizado un camino para estar. Lo que importa es la base psíquica que es inconsciente, y que habla de que se ha desarrollado ese adulto que tiene que haber en todas sus posiciones. Lo demás, es caminar, ir adquiriendo las experiencias, el bagaje de la vida. Pero se piensa al revés, que hay que adquirir la experiencia para poder ser, y la primera vez es cada vez.

Los lugares hay que conquistarlos y las inseguridades provienen por la falta de límites, cada vez que uno hace un cambio, algo por comenzar, se escenifica lo edípico, tener que abandonar ciertos deseos para tomar las riendas en la vida adulta, ocupar el lugar que le corresponde y que le demanda la realidad. Hay quien se detiene, quien se embarga de un estado sintomático, quien se sale de la ley cayendo en los afectos, quien pretende ser el soberano o soberana sin tener en cuenta a los otros...

CASO

Mujer A. P. de cuarenta años que hereda un negocio familiar pequeño, una tienda, donde trabajaba como empleada. Sus jefes eran sus padres y ahora se encuentra en la tesitura de que "todo le viene grande", "que no le han enseñado nada". Dice ser tan perfeccionista que está mucho tiempo montando el género y cuando se da cuenta es la hora de recoger. Tiene un empleado a su cargo y declara tener muchos problemas con él, porque "se escaquea, no está cuando le necesito, cuando me ve que estoy mal con ansiedad no me ayuda". Se queja de que no sabe, que no pone interés y que ya debería de saber. Comenta que cuando atiende su empleado a otra persona ella se mete para no perder la venta. Él se molesta y le dice que si quiere que atienda o no. Ella comenta que llega un momento en que él se queja, le dice y que le da la vuelta a la tortilla y ella se siente culpable y duda si es que a lo mejor es ella la que no lo hace bien. Está afectada y le pueden los sentimientos, le da como pena y lo entiende. Pero después lo piensa fríamente y dice que se aprovecha de ella. Tiene mucha ansiedad con palpitaciones y síntomas estomacales que le dificultan mucho levantarse e ir a trabajar. Por otro lado su madre, al verla así, acude a ayudarla, teniendo fuertes discusiones por la manera de trabajar.

En las primera consultas llega en un estado ansioso intenso con verborrea y repitiendo constantemente las palabras madre, padre, inseguridad. En su historia familiar cuenta que es la segunda de cuatro hermanos, los demás varones y que siempre ha pensado que a ella le ha faltado algo en la vida, confiesa tenerle ciertos celos a sus hermanos, que sus vidas les han ido mejor y que su problema es su falta de autoestima y su inseguridad. Habla de la ansiedad que siempre la ha acompañado durante gran parte de su vida. Sus relaciones son muy escasas. Apenas tiene amigos y su relación se centra mucho en sus padres. Dice estar tan cansada que no tiene ganas de salir ni de quedar con nadie. Ha sido una persona muy protegida por su madre, con un padre autoritario, del cual ella hace lecturas de su pasado como que él nunca la ha entendido y se ha sentido en desventaja con sus hermanos. Habla constantemente de la madre, con quien va a hacer la compra, sale, y señala que están muchas veces como "el perro y el gato". Cuenta un episodio de que hace poco conoció a un chico menor que ella y que su madre estaba al tanto de todo. Vivía más lejos de manera que, a escondidas con la madre y sin que el padre lo supiera, le invitaban a quedarse en un piso que tenían. Ella rompió con él porque le preguntaba "qué es lo que quieres de mí". El chico no supo qué responder o respondió en algo que no coincidía con lo que ella esperaba.

Sus relaciones se basaban en esa relación maternal, buscaba en cada persona con la que estaba, inconscientemente, esa relación infantil con su madre, donde estaba en posición de demanda.

Con su empleado le pasaba lo mismo, se ponía en la posición de demanda, queriendo que el chico le adivinara lo que necesitaba. También se identificaba con su madre cuando se metía en la venta que estaba haciendo su trabajador (su madre también lo hacía, era ella la que anteriormente trataba al público), le regañaba y se compadecía, conservando así las mismas escenas. Hacía y deshacía como repitiendo eso en lo que ella inconscientemente estaba fijada. Aún estaba, inconscientemente, en el desarrollo infantil, fijada en él, donde aún no había abandonado a esos padres ideales y caer en los reales, aceptarlos y ver que lo han hecho lo mejor que han podido. Aunque fuera una mujer de cuarenta años aún estaba en esa sexualidad infantil, anclada en su relación amorosa con mamá. Sus inseguridades provenían de que esa separación simbólica con la madre aún no había acontecido. Era una mamá cocodrilo la de su imaginario queriendo devorarla.

Después de un tiempo de tratamiento pudo hablar con su empleado, pero esta vez seguía sin querer hacerse responsable de la función de autoridad que le competía a ella, y le indicaba a su trabajador que estaba yendo a un asesor de empresas y que le había dicho tal y le había dicho cual. Ahora estaba haciendo lo mismo con su asesor, lo ponía en el papel de autoridad para no hacerse cargo de su puesto. Tras una interpretación en la que se le indicaba esta cuestión fue evolucionando y tomando más responsabilidad. En la actualidad ese empleado no trabaja para ella. Fue ella quien lo despidió porque comprendió que era él el que se salía de lo establecido en la normativa de la empresa. No era ella como persona quien lo echaba, sino que era él el que no cumplía y, por ende, no quería trabajar. Ahora hay dos personas a su cargo y ha podido permitir que sus padres salgan del negocio y hacerse cargo ella.